viernes, 28 de septiembre de 2007

Perseverancia: ¿Zanahoria, Huevo o Café?

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego y el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es; Cómo reaccionamos frente a las pruebas.

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un bowl. Sacó los huevos y los colocó en otro bowl. Coló el café y lo puso en un tercer bowl. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?" "Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, Padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"

¿Y cómo eres tú, amigo? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan , te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. ¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

La perseverancia es un esfuerzo continuado. Es un valor fundamental en la vida para obtener un resultado concreto. La perseverancia es hermana de la fortaleza. Con frecuencia en muchos aspectos de la vida, existe una verdadera lucha.

El combustible para que la perseverancia pueda moverse largamente es el de la visión de largo plazo. Con la perseverancia, debemos tener la fortaleza de no dejarnos llevar por lo fácil y lo cómodo, a cambio de obtener algo más grande y mejor en el futuro. La perseverancia requiere sentido común. A cambio de contar con el valor de la perseverancia obtendremos el gozo de luchar por lo que queremos. Tal vez no lo logremos de inmediato, incluso tal vez no logremos algo en el final, sin embargo es importante disfrutar el camino. La perseverancia brinda estabilidad, confianza y es un signo de madurez.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Serenidad: El regalo del alumno

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.

Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:

- Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.

El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

- ¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?

El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

- Por supuesto que no. -contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

- Bueno, -prosiguió el profesor-, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.

- No entiendo a qué se refiere. -dijo el alumno confundido.

- Muy sencillo, -replicó el profesor-, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.

- Muchacho, -concluyó el profesor en tono gentil-, tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que lo decidas cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.

El valor de la serenidad nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aún en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.

Cuando las dificultades nos aquejan fácilmente podemos caer en la desesperación, sentirnos tristes, irritables, desganados y muchas veces en un callejón sin salida.

A simple vista el valor de la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas, en realidad todos los tenemos, la diferencia radica en la manera de afrontarlos.

La serenidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Trabajo en equipo: Competencia de remo

Esta es una fábula moderna que refleja un defecto común en muchas organizaciones

En 2005 tuvo lugar una competencia de remo entre Japón y nuestro equipo (ponga el país que crea, pero aplica mucho a la idiosincracia latinoamericana). Los remeros japoneses llegaron a la meta una hora antes que el otro equipo.

De regreso a casa se reunió a varias autoridades deportivas para analizar las causas de tan desconcertante resultado. Las conclusiones fueron: 1) En el equipo japonés había un timonel y diez remeros, 2) En nuestro equipo había un remero y diez timoneles. La esfera de planificación estratégica realizaría una reestructuración que calaría en lo más profundo de la delegación.

En 2006, el equipo japonés volvió a adelantarse desde el comienzo. Esta vez nuestro equipo arribó a la meta dos horas más tarde. El nuevo análisis de las autoridades deportivas arrojó los siguientes resultados: 1) En el equipo japonés había un timonel y diez remeros, 2) En nuestro equipo, luego de los cambios introducidos, la composición fue un timonel, dos asistentes, siete jefes de sección y un remero. La conclusión del comité fue unánime y lapidaria: “El remero es un incompetente.”

En 2007 se le presentó una nueva oportunidad a nuestro equipo. El departamento de Nuevas Tecnologías y Negocios puso en marcha un plan destinado a mejorar la productividad, con novedosas modificaciones en la organización que generarían incrementos sustanciales de efectividad, eficiencia y eficacia. El resultado fue catastrófico. Nuestro equipo llegó tres horas después que el japonés. Las conclusiones revelaron datos escalofriantes. 1) Para desconcertar, el equipo japonés optó por la alineación tradicional: un timonel y diez remeros, 2) Nuestro equipo utilizó una formación vanguardista, integrada por un timonel, dos auditores de calidad, un asesor de empowerment, un supervisor de downsizing, un analista de procedimiento, un tecnólogo, un contralor, un jefe de sección, un apuntador de tiempos y un remero. Luego de varios días de agotadoras reuniones, el comité decidió castigar al remero quitándole todos los bonos e incentivos por el fracaso.

La conclusión de autoridades deportivas y patrocinadores, fue: “contrataremos un nuevo remero, pero con un contrato outsourcing, para no lidiar con el sindicato y no estar atados a contratos laborales anquilosados, que degradan la eficiencia y productividad de los recursos”.

Moralejas: 1.– No hay justicia en los Juegos Olímpicos, 2.– Los japoneses usan anabólicos, 3.– El remero era reactivo en lugar de ser proactivo, era flojo y no se apegó a la misión, visión, objetivos, estrategias y tácticas del sistema y no supo trabajar en equipo.

¿Le suena conocida esta historia?