domingo, 6 de diciembre de 2009

Fábula del abuelo, el nieto y el burro

Una mañana un abuelo decidió ir a la feria que se celebraba en la cuidad a vender un burro. Enseguida su nietecito le pidió ir con el y así se fueron juntos. Al salir de la casa el abuelo le propuso al nieto ir caminando al lado del borrico ya que no quería que se cansara mucho el animal puesto que quería venderlo a buen precio, a lo que el nieto acepto.

Mientras caminaban tirando del burro se cruzaron con unos caminantes quienes, al verlos, comentaron: menuda tontería, mira que ir caminando pudiendo ir montados en ese burro. El abuelo entonces le preguntó al nieto si estaba de acuerdo con lo que había escuchado, a lo que el nieto asintió. Así que decidió montar al nietecito encima del borrico.
 
Mientras el abuelo caminaba tirando el burro y su nietecito montado, se cruzaron con otos caminantes. En esta ocasión, también escucharon lo que decían: "menuda desconsideración, mira que ir montado el niño en ese burro y dejar caminar al abuelo" El abuelo entonces le pregunto al nieto si estaba de acuerdo con lo que había escuchado, a lo que el nieto asintió. Así que decidió desmontar al nietecito y montarse el.

Mientras caminaba el nietecito tirando del burro y el abuelo montado se cruzaron con nuevos caminantes, quienes comentaron "menuda mala educación, mira que ir montado el abuelo en ese burro y dejar caminar al niño". El abuelo entonces le pregunto al nietecito si estaba de acuerdo con lo que había escuchado, a lo que el nieto asintió. Así que decidió que los dos viajarían montados en el burro.

Mientras el abuelo y su nieto iban montados, se cruzaron con unos caminantes, y en esa ocasión, como en otras, escucharon sus comentarios "menuda crueldad, mira que ir montados los dos en ese burro ¿lo querrán reventar?

El abuelo entonces le pregunto al nieto: ¿Como piensas tu que debemos continuar?


Comentarios: El objetivo del abuelo era vender el burro en las mejores condiciones para obtener mejor precio, pero se preocupó mas de lo que decían los demás, perdiendo su objetivo final. Si uno deja que una opinión influya de esa manera, es porque no se tiene claro el objetivo, mejor sería no volver a preguntar hasta no tener claro, porque la opinión de los demás cobra mas valor que mi propio objetivo.

Ambos, para satisfacer sus necesidades habían elaborado un plan que les reportaría satisfacerlas, y habían planificado la mejor forma de lograrlo. Las personas que opinaron, en general, no conocían lo que ellos estaban llevando a cabo y sus opiniones, aunque podían ser validas, se referían a lo que veían, que era solo una parte de lo que ellos estaban realizando. Ellos, al analizar esos comentarios parciales les parecían atendibles, pero no insertaban ese análisis dentro de su plan (que era lo que requerían para su bienestar) por lo que se desviaban de su horizonte.  Finalmente, lo que deberían hacer es retornar a su plan original y realizarlo, pues es lo que necesitan.

Pueden (y es bueno) recibir los comentarios, analizarlos y ver si aportan al objetivo, en cuyo caso podrían adoptarlos, pero si no aportan al objetivo final, por lógicos que parezcan deben descartarlos.

De la misma manera, cualquier empresa que llegue a definir una estrategia diferenciadora basada en sus ventajas competitivas, tendrá que tener claro que no podrá atender a todos los potenciales consumidores. Siempre habrá quien critique su oferta, pero es importante que los líderes de la organización sepan diferenciar si quien critica es quien forma parte del público objetivo real o es parte de aquellos segmentos que deben ser dejados de lado como parte de las definiciones estratégicas y la propia identidad de su modelo de negocio.